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domingo, 27 de abril de 2008

JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI Y LA EDUCACIÓN


José Ramos Bosmediano, miembro investigador de la Red Social para la Escuela Pública en América, ex Secretario General del SUTEP


La contribución de José Carlos Mariátegui a la educación es un planteamiento ligado a sus aportes a la comprensión del Perú como una realidad irresuelta desde el punto de vista de su independencia y de su desarrollo nacional Su visión de la realidad nacional en su conjunto, partiendo del análisis de la base económica y social (“Esquema de la evolución económica”, “El problema del indio” y “El problema de la tierra”), es la clave para comprender sus planteamientos sobre el problema de la educación peruana (“El proceso de la instrucción pública”). Aquí está la aplicación del método de análisis que utilizó Mariátegui en su libro magno, los 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana, libro que leí por primera vez cuando cursaba el 2º año de Secundaria durante un viaje en barco desde Iquitos hasta Yurimaguas (4 largos días que hubiesen sido como siglos sin ese libro). En Temas de educación, un libro complementario sobre el problema educativo, a nuestro criterio, el Amauta aborda temas concretos de gran actualidad, como la enseñanza pública, la libertad de enseñanza, entre otros. Pero, reiteramos, ambos textos no pueden ser comprendidos cabalmente sin los tres primeros ensayos de su primer libro sobre el Perú. De manera que un artículo tan breve como el presente no puede tener más pretensiones que invitar a leer los textos mariateguianos que hemos señalado.

La primera contribución es el método de análisis de la realidad educativa, que vale también para los siguientes tres ensayos (sobre descentralización, sobre la religión en el Perú, y sobre el proceso de nuestra literatura). Desde el inicio Mariátegui analiza la educación usando el materialismo histórico, el método dialéctico materialista, es decir, el marxismo, marxista como era, “convicto y confeso”, pero también militante e intelectual consecuente. Por eso traza, en primer lugar, el proceso histórico de la economía y de la sociedad peruanas, ese hecho que divide a la historia peruana en dos grandes etapas, esa ruptura entre el Perú autóctono y el Perú de la conquista y el coloniaje, que no solo es una ruptura económica, sino social y cultural. Su método nos advierte que la educación no puede ser analizada al margen de lo económico y lo social, como pretenden todas las corrientes pedagogistas que hoy por hoy pretenden evaluar la crisis educativa y sus efectos desde una perspectiva exclusiva de la superestructura educativa y, lo que es peor, a partir del desempeño de los maestros. Desde la primera página del ensayo sobre la educación, Mariátegui señala que el problema está en las raíces mismas de este Perú bajo la conquista, después de que, en líneas anteriores, indica la presencia de los elementos extranjeros en un país económica y socialmente dependiente, elementos extranjeros insuficientemente aclimatados, vale decir, no asimilados sino impuestos, como fue ayer la reforma educativa del neoconductismo y de la tecnología educativa sistémica (1970-1975). Esta manera de entender la situación de la educación peruana nos ha orientado cuando tuvimos que elaborar las tesis educativas del SUTEP y su plasmación teórica en el Proyecto de Ley General de Educación y Cultura, documentos de 1992.

La otra contribución se refiere a la alternativa de nueva educación, sobre la que se ha repetido mucho aquella afirmación de Mariátegui de que no se puede comprender la educación sin comprender la estructura económica y, por ende, la estructura social sobre las que se asienta y desarrolla. En ningún momento se plantea aquí que el materialismo histórico está “ordenando” que nos crucemos de brazos mientras se produce esa transformación económica y social, como muchas veces pretenden caricaturizar los sectores conservadores que quisieran que el capitalismo en el Perú solo cambie para que siga siendo capitalismo; o como ciertos radicalismos, que más bien forman parte del materialismo más mecanicista que el del siglo XVIII, han venido señalando que el SUTEP no debiera de perder el tiempo en buscar una nueva alternativa educativa porque “eso no se come”. Mariátegui, cuando señala el papel de los maestros en la búsqueda de una nueva educación, considera que la nueva alternativa debe nutrirse, alimentarse de las aspiraciones democráticas de las mayorías, de sus necesidades genuinas. En tal sentido, esta línea de trabajo fija la orientación democrática de toda propuesta educativa, ligada al derecho a la enseñanza gratuita, un tema muy caro a sus reflexiones y valoraciones. Por eso Mariátegui establece que La República, además, nacía en la miseria. No podía permitirse el lujo de una amplia política educacional. O sea, es imposible que una república atrasada, sumida en profundas desigualdades económicas y sociales, pueda garantizar una educación “de calidad”, como piden hoy los neoliberales. La lucha pedagógica de los maestros se convierte así en un instrumento de crítica del sistema y no solamente de la enseñanza; mejor dicho, la enseñanza, como práctica pedagógica, es parte de de esa lucha por una nueva educación. Tal es el papel de los maestros, cuya capacidad teórica y compromiso práctico deben ser cada vez mejor para el cumplimiento de esa tarea, lo que exige del Estado y de la sociedad el reconocimiento real de esa misión, la garantía práctica de las reivindicaciones magisteriales.

Una tercera contribución está en el reconocimiento y la defensa de la escuela pública. La escuela pública como base institucional de una educación nacional, como escuela pública única, reivindicación que incluye la gratuidad y la universalidad. En contraste con ella, la escuela actual es una escuela de las clases dominantes que utilizan la escuela privada para su formación de clase y la escuela pública para mantener relegada, culturalmente, a las clases pobres., con el escaso gasto presupuestal y el trato despreciativo a los maestros. Ya desde la década de los 60 se ha venido evaluando la estructura clasista de la pirámide magisterial en América Latina: cada vez más los maestros de los sectores pudientes tienen una extracción de clase de los estamentos más privilegiados de la sociedad; mientras que los maestros de los sectores más pobres proceden de los estamentos también pobres. Este mismo fenómeno evalúa Fernando Savater al referirse a la reforma educativa de la España de hoy (El valor de educar). En estos días hay “expertos” que han descubierto esta vedad de la pirámide de la composición de los maestros según la estructura clasista de la educación peruana, y creen decir una “nueva verdad” cuando afirman que los maestros peruanos de la escuela pública son incompetentes porque proceden de las clases más desposeídas y de los estudiantes de Secundaria con menor rendimiento académico. Menor rendimiento académico y procedencia de los estamentos más pobres serían los estigmas para menospreciar a los maestros peruanos de la escuela pública. Según el lingüista y conservador Luis Jaime Cisneros, con un sindicato, el SUTEP, que representa a estos maestros, no se puede discutir de educación. Y no olvidemos que este mismo intelectual de la burguesía peruana apoyó, con todas sus barbaridades, el “tercio superior”, y acaba de decir que solamente con “rigor y firmeza”, refiriéndose a la farsa de la reciente evaluación docente, se puede avanzar en la reforma de la educación. ¡Qué diferencia, qué contraste, entre los planteamientos de un José Carlos Mariátegui y los de un intelectual de una burguesía parasitaria que domina el Perú.

Hay un aporte de Mariátegui que olvidamos cuanto confrontamos ideas entre el neoliberalismo y la teoría educativa marxista o socialista. Se refiere a la libertad de la enseñanza. En su libro Temas de educación, Mariátegui enfoca este tema con sentido de clase. La libertad de enseñanza no existe. Toda enseñanza, toda escuela, es enseñanza y es escuela de clase. La pedagogía no es una ciencia neutra. Los fines, los objetivos, la orientación general de un sistema educativo están dados por la clase que regenta el poder. El Estado no puede desprenderse de esa orientación de clase, aun cuando aparezca desprendida de su tutela cualquier tipo de educación privada. Mariátegui da ese enfoque y a partir de él se pueden deducir otras afirmaciones contrastadas con la realidad actual. La orientación principal de la educación estadounidense, desde el surgimiento de la Doctrina Monroe, se dirige a la formación de una conciencia nacionalista de superpotencia, de modelo de vida y de democracia que todos los demás pueblos deben imitar y, si no lo hacen, los “dueños” del modelo democrático tienen la “misión” de imponerlos. Esta orientación se ha acentuado más a partir del desarrollo del imperialismo y se ha expresado en las muchas invasiones a pueblos latinoamericanos, y hoy a pueblos de otros continentes. El ejemplo que señalamos no está lejos de lo señalado por Mariátegui. A diferencia de la educación estadounidense, la orientación de la educación peruana republicana sigue un camino diferente: si no tenemos la inversión extranjera no podemos desarrollarnos, no podemos progresar. Para esta orientación, no hay potencialidades internas. El apoyo extranjero no es realmente apoyo o complemento, sino determinante del desarrollo de nuestro país. Siguiendo esta orientación, el TLC y el APEC son los salvadores del Perú. Pero la libertad de la enseñanza no se queda en la orientación general de la educación de un país, lo que ya es lo fundamental de la falta de libertad de enseñanza, sino que va hasta la selección de los elementos curriculares, su estructuración por áreas y las prioridades cognoscitivas, como ocurre hoy con la actual estructura curricular, el constructivismo solipsista, la administración gerencial de la educación, la evaluación estandarizada de los maestros, etc. Y no nos van a decir que estas “novedades” han sido creadas en el Ministerio de Educación. Cuando uno de los artículos de la Ley 28044 dice, refiriéndose a la libertad de enseñanza, que todos los padres de familia pueden escoger la escuela para sus hijos, habría que preguntarles a los legisladores que han votado esa Ley si los hijos de un obrero con ingreso promedio, para hablar de un ciudadano con salario seguro, podría matricular a su hijo en una escuela primaria que cobra no menos de 200 soles mensuales, más la matrícula y otros gastos. Ni pedagógica, ni ideológica, ni política ni económicamente existe, pues, libertad de enseñanza.

Las cuatro ideas que hemos seleccionadas no son las únicas que encontramos en Mariátegui para evaluar su contribución a la educación peruana. Pero referirnos a los otros aspectos de su planteamiento nos llevaría a extender demasiado este artículo.

Iquitos, marzo 24 del 2008

1 comentario:

Caro dijo...

Hola Lui Miguel. Mi nombre es Carolina (Argentina). Soy estudiante de la carrera de ciencias de la educación y estoy buscando específicamente una página web que tenga publicada una versión digitalizada del libro Temas de educación de Mariátegui, ya que me interesa conocer sus ideas al respecto. Agradezco desde ya que puedas brindarme una respuesta. Muy interesante lo publicado en el bolg, sobre todo para los que recién nos estamos iniciando en la lectura del Amauta.
Saludos desde Entre Ríos, Argentina
Caro